La convivencia entre perros y gatos es perfectamente posible, sin importar la edad de ninguno de los dos animales.
Tanto los perros como gatos son predadores naturales, es por eso que instintivamente persiguen a otras especies para cazarlas, ya sea un gato cazando un ratón o un pájaro, o un perro con un conejo o un gato.
En los gatos, la pasión por la caza es muy difícil de erradicar, en cambio en los perros es bastante más sencilla de controlar.
Los primeros días de convivencia entre estas dos especies pueden ser algo tensos, pero todo es cuestión de días.
Al principio el gato será reacio al contacto con el perro, le vigilará constantemente con desconfianza. Lo mejor que podemos hacer es calmar al perro en la medida de lo posible, hablándole en un tono tranquilo y acariciándolo.
En ningún momento debemos forzar el contacto entre el perro y el gato durante los primeros días de convivencia, ya que el gato instintivamente intentará defenderse y puede arañar fácilmente al perro y causarle lesiones en los ojos.
Si nuestro perro se intenta acercar al gato tranquilamente, simplemente para ver quién es, nos alejaremos un par de metros para que las primeras tomas de contacto se realicen lo más tranquilamente posible, ya que nuestra presencia puede excitar al animal y el gato sentirse acorralado y atacar, tanto al perro como a nosotros.
Pero con el tiempo, el roce hace el cariño, y nuestro perro y nuestro gato terminarán haciéndose amigos inseparables, sobre todo en las noches de invierno, donde buscarán el calor entre ellos.
Nunca debemos estimular el intento de caza o persecución de nuestro perro contra el gato, si no todo lo contrario.
Es recomendable durante los primeros meses de convivencia, que las zonas para comer y dormir estén separadas, esto será solamente necesario al principio.


